En los últimos años, América del Sur ha ganado un peso significativo en la internacionalización de las empresas chinas. Este análisis examina la lógica de oportunidad y los retos de implantación en Brasil, Chile, Perú y Argentina.
La presencia china en América del Sur ha experimentado un crecimiento sostenido durante la última década, impulsada por la demanda de recursos naturales, la búsqueda de nuevos mercados de consumo y la proyección geopolítica de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. En 2026, este proceso se encuentra en una fase de madurez que combina grandes inversiones en infraestructura con una creciente presencia de pymes y startups.
Brasil concentra la mayor parte de la inversión china en la región, especialmente en los sectores de energía renovable, telecomunicaciones y agroindustria. Chile y Perú son destinos estratégicos por sus acuerdos de libre comercio con China y su estabilidad institucional. Argentina, pese a sus desafíos macroeconómicos, ofrece oportunidades en litio, agricultura y tecnología.
Entre los principales retos de implantación para las empresas chinas en la región figuran: las diferencias culturales y de negociación, la complejidad regulatoria y fiscal de cada país, la inestabilidad política y cambiaria en algunos mercados, y las crecientes exigencias de cumplimiento ambiental y social (ESG) por parte de inversores y socios locales.
Iberex Spain, desde su posición de puente entre España, China y América Latina, ofrece asesoramiento integral a empresas que buscan estructurar su presencia en la región. España actúa como plataforma natural de entrada: los vínculos culturales, lingüísticos e históricos con América Latina, combinados con el marco jurídico europeo, hacen de España un hub idóneo para la coordinación de operaciones latinoamericanas.
Una de las vías más eficientes para estructurar la inversión en América Latina es el uso de una sociedad holding en España. El régimen de Entidades de Tenencia de Valores Extranjeros (ETVE) ofrece, bajo determinadas condiciones, un tratamiento fiscal favorable a los dividendos y plusvalías procedentes de filiales extranjeras, lo que convierte a España en una plataforma especialmente eficaz para canalizar inversiones hacia la región.
A ello se suma la amplia red de convenios para evitar la doble imposición que España mantiene con la mayoría de los países latinoamericanos, así como los acuerdos de promoción y protección recíproca de inversiones (APPRI). Estos instrumentos reducen la carga fiscal sobre los flujos transfronterizos y aportan seguridad jurídica frente a riesgos de expropiación o de trato discriminatorio.
